En el ámbito periodístico las equivocaciones son habituales, como en cualquier laburo. El incidente de la tapa de Olé del día martes (explicado en las notas anteriores) ha sido más que eso. Una equivocación grosera, lindante con la mala fé. Una gaffe antológica que demuestra el escaso profesionalismo y compromiso ético de los que la hicieron y el nulo respeto por el lector que es, a fin de cuentas, quien les da de comer. Han sido numerosas las ocasiones en que una noticia que se situaba en los primeros planos, al momento de ser rectificada, ocupara apenas unas líneas. La razón es sencilla: los errores duelen, molestan… ¡¡Joden!! Pero más aún cuesta pedir disculpas.
Por eso, Olé se rectificó con un espacio chiquitito en la parte superior, casi como al pasar, (podés verlo en la foto) que no se iguala de ninguna manera con la magnitud que posee una tapa. Con un título escueto pero sintético: “La bandera no existió”, en el interior de la nota… explican inocentemente el hecho consumado. De una manera casi infantil, admiten haber perdido por goleada y piden disculpas a los lectores e involucrados.
Pero vamos a los justificativos. Olé admite que la bandera es “Una imagen virtual, literalmente virtual, porque ese trapo que se publicó en un sitio de Internet reconocido como Taringa en realidad fue modificada por un internauta utilizando el Photoshop, tomando como base una de las banderas que sí se vio el domingo, la que decía ‘LA PEOR DEFENSA DE LA HISTORIA’. La bandera llegó ayer a Olé y entonces ahí comenzó el rastreo de la información.” Y acá empiezan los problemas porque es claro que los periodistas no vieron la bandera en el estadio, ni tampoco contaban con una imagen propia (o ajena) que respaldara sus dichos, ni siquiera les llegó el trapo concreto (o no virtual). Se basaron en una fotografía sin autor que circulaba por Internet, sin tener en cuenta las facilidades con las que se puede editar cualquier imagen. Empezamos bien.
Ante la duda, chequearon las fuentes de información, (como debe ser) y, según ellos, “hubo testigos que afirmaron verla, pero evidentemente se confundieron.” Obvio, la culpa es de aquellos que nos llevaron al error, nunca del editor (Olé, claro) que prefiere publicar una “primicia” casi sin consultar testigos, antes de que la competencia le gane de mano… Y decimos casi sin chequear porque ante la extensa cobertura periodística de diversos medios gráficos y televisivos que tuvo el partido, cuesta creer que esa bandera hubiese pasado inadvertida. Si así nos “informan”, será imposible creerles.