¿Cuántos frentazos se habrán dado sobre la mesa? ¿A quién se le ocurrió semejante osadía? Qué semestre para el olvido. Lanús, Vélez, Huracán y Colón peleando el Clausura ¿A quién le interesa? ¿A quién le vendemos ese torneo? Los equipos chicos se volvieron grandes e hicieron trizas los negocios de turno que suelen aparecer en consonancia con el campeón. Estos clubes no venden. O al menos no lo hacen como el quinteto de la elite del fútbol argentino.
Una tapa de Clarín con Vélez o Huracán campeón, ¿cuánto puede vender? ¿Una de Boca o River? ¿Qué les pasa a los grandes? Qué se despierten. El cabaret del Xeneize o las gastadas al a último Millonario traen sus dividendos, pero sólo por un día. El conglomerado de medios necesita títulos, esos que permiten editar un DVD, sacar tres suplementos especiales, imprimir un libro con la historia íntima del campeón y llenar la pantalla de imágenes hasta el hartazgo. Pero Vélez o Huracán son réditos pasajeros, dimunitos en comparación con aquellos.
El mundo futbolero festeja, más allá del resultado, este final de torneo sin los mismos de siempre. Ellos no. Siempre a contramano. Alejados de lo popular y con los dedos en la calculadora. Hacen números, miran la tabla del Clausura y vuelven a pegarse otro frentazo en la mesa.
Por Alex Milberg
Revista Newsweek
Aparece en cualquier momento. Melosa y estridente, la cumbia se suma a la charla cada vez que a Carlos Ávila le suena su celular. Por ahí está explicando el mejor negocio de su vida o cómo hizo para recuperarse de las pérdidas millonarias que padeció en el 2001. O repasando con lujo de detalles cómo se sintió apoyado o presionado por el Grupo Clarín. O su duelo tras la separación con quien fue su socio y amigo durante más de dos décadas. En los momentos de mayor tensión, como una casualidad tragicómica, el ringtone de “Bombón asesino” acapara toda la atención (”Parece un bombón insaciable, seguro un bombón masticable, me como el bombón”).
A lo largo de dos encuentros en su living en la avenida Libertador, con vista al río y al Jardín Japonés, el empresario no se limitó a explicar por qué sueña con ser presidente de River Plate. Como si escribiera un manual para entrepreneurs argentinos, describió las lecciones que le dejó el mayor fracaso económico de su vida tras su millonaria inversión en América Televisión y otros medios en el año 2000 : qué aprendió y cómo lo superó.
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Son los primeros en poner el grito en el cielo. Se suben a cualquier episodio para el anti-debate de la violencia. Todo sirve para repudiar, para hablar sobre los violentos en el fútbol, para mencionar “a los idiotas de siempre”. Se montan sobre cualquier hecho para propagar eslóganes vacíos que sólo buscan réditos económicos. Porque la violencia también es rating y esos puntos se traducen en ingresos. El show necesita imágenes ardientes, subidas de tono. Encima de ellas, una voz en off debe dejar en claro que las rechazan, que forman parte de una cultura que no comparten, que hay que erradicarlas.
El jueves en la medianoche River sembró otro papelón durante el gobierno de José María Aguilar, uno de los peores en la historia del club de la Banda. En Paraguay, cayó 4-2 con Nacional y armó las valijas en la Copa. Tras la derrota, el plantel tendría un largo y angustioso regreso hacia Buenos Aires. Llegó por la tarde y con el último recibimiento hacia la delegación sanlorencista fresco (insultos, escupidas y abucheos para todos). Sin embargo, nada de eso sucedió con el Millonario.
Entonces, como el morbo se quedó famélico, TN tuvo la ocurrente idea de cambiar el perfil informativo. “Así River esquivó los insultos” se leía en el videograph mientras las imágenes mostraban al micro de un regreso sin problemas. Cuando putean a los jugadores, los periodistas entonan la voz y con un artificial tono de seriedad fustigan contra los violentos. Cuando no pasa nada, los reclaman, les hacen un llamado ¿Después de esta histórica eliminación no les tiran piedras? Mover un móvil hasta Ezeiza es un gasto y hay que hacerlo valer. Una música sufrida de fondo, el ómnibus en retirada y listo. Tienen nota.
Todo, por supuesto, en nombre de la lucha contra los agresores, los inadaptados de siempre.
La televisación del fútbol en Chile tenía hasta 2002 una lógica similar a la de nuestro país: la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) vendía los derechos de transmisión del campeonato por un monto fijo. Así fue como Sky pagó en 1997 US$ 57,5 millones en total por un período de cinco años. Desde 2002, en Chile se llevó a cabo un proyecto innovador pero, no por ello democrático ya que sólo llega al 10% de los hogares chilenos.
Al no conseguir una oferta de renovación, Jorge Claro reflotó una idea que se venía analizando desde hacía tiempo: crear un canal dedicado 100% al fútbol chileno (CDF Premium) con los clubes como dueños (acá la novedad). Para quedarse con los derechos, desembolsaron unos US$ 50 millones. Pero hasta 2006 el negocio no obtenía la rentabilidad esperada por los altos costos fijos. Por ello, se asociaron a Telmex y lograron ordenar sus finanzas. Tras seis años de funcionamiento, el año pasado la empresa generó ingresos cercanos a los US$ 40 millones. Actualmente, la señal cuenta con 438 mil abonados que abonan mensualmente 30 dólares.
Los clubes son los dueños del 80% del canal y el otro 20% es de Gestión TV, la sociedad de Jorge Claro. El total recaudado es repartido entre los 32 clubes afiliados a la asociación, pero no en partes iguales. El monto depende de si el equipo está en primera o segunda división y la cantidad de partidos televisados por equipo, entre otras variables. Los que más reciben son el Colo Colo, la Universidad de Chile y la Universidad Católica, los equipos más populares del país trasandino. Pero hay más. La Federación de Fútbol Holandesa imitó la idea chilena con un canal que empezó a transmitir en agosto del año pasado.
De pronto los argentinos nos tropezamos con una batalla que no estaba en los planes de nadie. Los Kirchner vs. Clarín. O el “PJ titular” vs. Clarín, si quieren. Porque al ring también se subieron los Moyano, los Piumato, los Curto. Lo que usted no sabe es que semejante combate, con nueva ley de radiodifusión incluida, puede terminar con una maravilla futbolera en nuestras manos: al fin tendremos el regreso de la televisación deportiva libre.
Por: Pablo Llonto.
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Un par de semanas atrás, un ejecutivo de una compañía que fabrica teléfonos móviles contaba en una reunión informativa con periodistas que al lanzar una nueva herramienta para acceder a la información del fútbol en la Argentina habían tenido en cuenta una experiencia que les dejó miles de millones de billetes del otro lado del mundo: “En el Medio Oriente bajamos a los celulares temas relacionados con la religión con un éxito inesperado, y de ahí nos preguntamos cuál era la religión de los argentinos. La respuesta fue rápida: el fútbol”. Y trató de ir un poco más allá en el tiempo: “El objetivo, claro, es que en algún momento, uno pueda estar en cualquier lado y ver a través del celular los goles de su equipo al instante”.
Por Jorge Búsico
jbusico@miradasalsur.com
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“El Cronista” hizo una acalorada defensa de la privatización de las transmisiones de fútbol. Sin que les tiemble el pulso sostienen que “sin los contratos de televisación vigentes, hoy la AFA y los clubes se desfinanciarían“. Obviamente que la televisión aporta dinero pero no tanto. Por ejemplo, el dinero que anualmente aporta Torneos y Competencias a Boca Juniors, es de 11 millones de pesos… muy lejos de los 75 millones de la misma moneda que componen el presupuesto xeneize.
El diario continúa la ofensiva: “Los derechos de TV representan una parte significativa del total de ingresos de los clubes, en especial de los medianos y chicos. La interrupción de este ingreso implicaría, en varios de ellos, un abrupto cese de la cadena de pagos. Esto podría poner en riesgo la continuidad de los torneos oficiales y eventualmente exponer al fútbol argentino a sanciones internacionales“. Sin embargo, clubes medianos como Huracán, reciben 7 millones de pesos (no mucho menos que Boca) y le adeudan varios meses a sus jugadores. Por otra parte, hace unos días hubo una huelga de jugadores en Uruguay que paralizó el torneo, pero jamás se especuló en una sanción internacional a la Federación Uruguaya de Fútbol
Para reforzar el ataque, El Cronista, compara la situación de Argentina con la de otros países: “En España, en Italia, en Inglaterra, como también en México y Brasil, la totalidad de los partidos se televisan por el cable. Y los partidos más importantes, por sistemas codificados. La tendencia mundial es que el fútbol lo contraten quienes realmente lo desean.” Argumento absurdo, teniendo en cuenta que en Argentina el fútbol es deseado por el 90% (por lo menos) de la población. ¿O hacemos una encuesta? Además, si leíste algunas notas en la página habrás notado la “transparencia” con la que se licitaron esos contratos en varios de esos países. El último párrafo sólo puede salir de la imaginación de un gran humorista o alguien que tenga la cara embadurnada de hormigón. El medio señala que: “En casi 20 años, las mencionadas empresas (Torneos y Competencias, TRISA y TSC), nunca fueron sancionadas por limitar la libre competencia. A través del cable, el fútbol llega a más de 5 millones de hogares y tiene una audiencia muy superior a la de cualquier canal de TV abierta, ya que ninguno tiene tal penetración a nivel nacional. Así como la televisión abierta privada no puede pagar los derechos de TV del fútbol, menos sentido tendría que lo hiciera el Estado: parecería descabellado que hoy se desviasen fondos públicos para ello.” Un vulgar “copy paste” de los años ‘90.
¡Qué lindo cuando las tapas de El Gráfico eran así! ¿No?
