Torneos sin Competencia 1
A mediados del año 1993, se estaba por disputar la Copa América en Ecuador y la selección argentina era uno de los equipos favoritos a alzarse con el trofeo (de hecho salió campeona). En nuestro país, Torneos y Competencias (empresa del Grupo Clarín), ya había conseguido los derechos de televisación del campeonato local y en ese entonces obtenía los derechos de ese torneo y los iba a explotar al máximo para edificar un nuevo monopolio: Multicanal.
Clarín era propietaria de la distribuidora de TV por cable Multicanal, que rápidamente se estaba expandiendo por todo el país. Como, a su vez, poseía canal 13, el negocio era redondo: El grupo Clarín aprovechaba el monopolio del fútbol para dominar la televisión abierta vía canal 13, y comenzaba a aplicar el cerrojo sobre unos 1000 videocables de distintos dueños de todo el país.
La lógica era la siguiente: para Capital Federal, Gran Buenos Aires y los suscriptores de Multicanal en el interior, se emitía en directo. Al resto del país, en diferido y con obligación de incluir la publicidad que había cobrado Canal 13. A su vez, Clarín no quería vender el fútbol a pequeños videocables del interior para que, de esa manera, éstos se debilitaran, Multicanal pudiera ingresar a esos mercados y en poco tiempo absorberlos. Canales abiertos de Córdoba y Misiones quisieron comprar la transmisión pero no se los vendieron porque no eran “clientes habituales”, perjudicando también a los cables de esas provincias que si lo eran. De esta manera, en el interior, sólo 400 mil personas pudieron ver los partidos en directo.
Ante la presión de varios medios y la inminencia de los partidos correspondientes a las eliminatorias para el Mundial ´94, el menemismo decidió intervenir. El 21 de julio de 1993 sancionó el decreto (cuando no) 1563 para que los deportes de tipo internacional salieran por canales abiertos a todo el público. Pero el decreto tenía un “olvido”: se había omitido en el texto la frase “en directo” o “en igualdad de condiciones para todo el país” lo que mantenía el mismo procedimiento. Como la presión persistía, se hicieron las correcciones pertinentes y Clarín perdió esa batalla… pero no la guerra.















