Digámoslo con todas las letras, el tipo, Julio Grondona, se hizo eco del reclamo legítimo de gran parte de la sociedad y a riesgo de no comenzar ninguna categoría le dijo a la tele que se ponga.
La tele, el Grupo Clarín, le contestó que si quería le adelantaba la plata. Grondona no quiere anticipios, quiere reveer los valores.
A pesar de no ser santo de nuestra devoción el líder de la AFA es un tipo inteligente y sabe cuándo avanzar y cuándo repetir “todo pasa”.
Y este era el momento ideal de apurar a los que filman la pelota, para decirle “vos la pasarás por la tele pero la pelota sigue siendo mía”.
Veamos cómo lo trata Clarín, muy lavado, y cómo lo trata La Nación, que en temas deportivos está a la izquierda de Chávez, bueno, no tanto.
Hubiera sido genial el título: AFA insiste: el fútbol no arranca. Lo dijo Grondona, pero seguimos negociando..
Mientras tanto nos siguen cobrando el paquete de fútbol.
A ver qué dicen ahora los nabos que defienden el fútbol pago.
Lo único que falta es que defiendan pagar un servicio que no se da.
Ya está, sería el colmo.
Quién dijo que nos fuimos, si siempre estamos volviendo.
¿Cuántos frentazos se habrán dado sobre la mesa? ¿A quién se le ocurrió semejante osadía? Qué semestre para el olvido. Lanús, Vélez, Huracán y Colón peleando el Clausura ¿A quién le interesa? ¿A quién le vendemos ese torneo? Los equipos chicos se volvieron grandes e hicieron trizas los negocios de turno que suelen aparecer en consonancia con el campeón. Estos clubes no venden. O al menos no lo hacen como el quinteto de la elite del fútbol argentino.
Una tapa de Clarín con Vélez o Huracán campeón, ¿cuánto puede vender? ¿Una de Boca o River? ¿Qué les pasa a los grandes? Qué se despierten. El cabaret del Xeneize o las gastadas al a último Millonario traen sus dividendos, pero sólo por un día. El conglomerado de medios necesita títulos, esos que permiten editar un DVD, sacar tres suplementos especiales, imprimir un libro con la historia íntima del campeón y llenar la pantalla de imágenes hasta el hartazgo. Pero Vélez o Huracán son réditos pasajeros, dimunitos en comparación con aquellos.
El mundo futbolero festeja, más allá del resultado, este final de torneo sin los mismos de siempre. Ellos no. Siempre a contramano. Alejados de lo popular y con los dedos en la calculadora. Hacen números, miran la tabla del Clausura y vuelven a pegarse otro frentazo en la mesa.
La Ley 22.285, más tristemente conocida como de Radiodifusión, se cocinó durante la última y cruenta dictadura militar. El 15 de diciembre de 1980 vio la luz y comenzó a regir en todo el territorio nacional. Algunos de sus firmantes fueron Jorge Videla, Albano Harguindeguy y José Alfredo Martínez de Hoz. El Proceso de Desorganización Nacional también manejó el Mundial 1978. El costo fue de 517 millones de dólares, 400 más que los pagados por España en 1982. Sobre esa ley, esos hombres y ese modelo, Grupo Clarín se atrinchera para no ceder ni un milímetro.
Aquí ya contamos un motivo para la aparición del Diario Olé: apoderarse de un mercado en crecimiento antes que sus adversarios. Ganar terreno. Sin embargo, ese no fue el único interés que movió al Grupo Clarín a lanzar el matutino deportivo en 1996. Siempre, con estos bueyes, aparecen múltiples objetivos para enfrascarse en un proyecto (Aclaración de Perogrullo: siempre, condición sine qua non, debe haber plata de por medio). Y la aparición del medio enfocado, principalmente, en la pelota lo tuvo.
Héctor Magneto (suena a villano de una serie estilo Batman o Superman, es decir, ni el apellido lo ayuda) pensó en el Olé como una suerte de globo de ensayo empresarial con un marcado tono en la época, los noventa: pretendían publicar un diario con la redacción más reducida posible. Entonces, tenían una genial idea que se acoplaba a los tiempos de flexibilización laboral ¿Por qué un periodista sólo debe escribir? También puede editar, corregir, sacar fotos, desgrabar, entrevistar, diseñar la página de cada día. Si le queda tiempo (y si no también) puede ser columnista en radio y publicar las noticias en el mundo de la triple W. Eso que llaman, en nombre de la era digital, periodista multimedial.
Olé, de esta manera, sirvió como examen previo a lo que sucedería, algunos años más tarde, en el Grupo Clarín. Un medio se puede hacer con mucho menos gente y por menos plata, fue la idea que reinó. Y dominó. En 2000, cuando la crisis era inminente, el monopolio dejó en claro su postura: que las “dificultades económicas” las paguen los trabajadores. El 4 de noviembre la empresa efectivizó 117 despidos que incluían a diez empleados de las comisiones internas y otros tantos de la junta electoral. Después la ligaron los correctores: 35 fueron cesanteados con el argumento de “los errores pueden ser corregidos por los programas de computación”.
¿Qué tal? Toda una declaración de principios. Una frase que encierra mucho más que los despidos masivos.
Fuente: Las “reestructuraciones” de Clarín
Revista Zoom
El Grupo Clarín ha lanzado al mercado una nueva publicación. Se trata de “Tiki Tiki”, una revista de fútbol pero pensada para los más chicos. Su valor es de $9,90 (nada barata) y su periodicidad será quincenal. Por supuesto, el flamante medio fue promocionado por todos los tentáculos del grupo (Diario Olé, Clarín, Canal 13) y eligieron a Javier Zanetti como figura estelar para el lanzamiento. Es justo aclarar que Zanetti donó su sueldo a la Fundación P.U.P.I. (Por Un Piberío Integrado) institución benéfica a la que apadrina (Una buena tenía que haber…). El título seleccionado no es casual. Aprovechan un término de la jerga futbolera y popular asociado al vistoso fútbol de pases practicado generalmente por los jugadores más jóvenes.
Clarín está explotando así un nicho de mercado que nadie estaba atendiendo y lo reconoce abiertamente en una nota en Clarín: “Nunca nadie se centró en los más chicos en función de su pasión futbolera. Porque los chicos ya nos dieron muestras de que consumen el fútbol desde distintos lugares que les permite y dispara cientos de intereses”. En las 44 páginas que conforman la revista, aparecen contenidos “futbolísticos” pero dedicados a un público infantil, al que intentan seducir mediante figuritas y diversos regalos.
Se van a centrar en las novedades y trucos de video juegos, posters de los mejores jugadores (y también de Cannavaro), una entrevista a Fabbiani (reconocido playboy del fútbol), los autos en que andan los jugadores (?), la foto imposible de Buonanotte en la NBA (¿no era de fútbol la revista?) y… la búsqueda del jugador perfecto. En esta sección los chicos pueden componer al mejor futbolista emulando al Doctor Frankenstein. Según los editores: “Vos te los podés armar con el pelo de Beckham o Vagner Love (¿?), el cerebro de Ibrahimovic o Riquelme, la visión de Verón, el pie izquierdo de Messi…”.
¿Y de fútbol no se habla? Bueno hay una sección que se llama “el coach” en la que enseñan a cabecear y… nada más.
Evidentemente adoctrinan desde pequeños a los lectores siguiendo así la línea de Olé. Un diario que cada vez habla más de Cocodrilo, las banderas, las botineras y los regalos que algunos entrenadores hacen para motivar a sus jugadores y no de lo que ocurre en el verde césped: el fútbol.
Hacia el final de la presidencia de Raúl Alfonsín, ya se especulaba con una posible privatización de los canales de aire. Y era muy probable que el presidente saliente se ocupara del tema. El Grupo Clarín no quiso quedar fuera del negocio. Para ello, sus integrantes, habían tenido charlas con los candidatos presidenciales Carlos Menem y Eduardo Angeloz que representaba a la UCR. Una vez que Menem asumió la presidencia, el monopolio Clarín decide picar en punta y consigue que un hombre de la empresa (Carlos Tau Anzoátegui) sea el nuevo interventor de Canal 13. Eufóricos con el logro, piden algo más: que Abel Maloney, periodista de Radio Mitre (emisora del diario en secreto) sea el nuevo jefe de noticiero. Desde la Casa Rosada dan el visto bueno sin discusiones. Luego de varias disputas sindicales, Canal 13 sale a licitación y obviamente quien se adjudica la licencia es el Grupo Clarín.
Clarín compró canal 13 por la cifra de 7.200 millones… de australes (el equivalente a 5,5 millones de dólares). Un canal que en los ´70 valía 20 millones de dólares. Así se observa cómo el menemismo rifaba el patrimonio por monedas y, ni siquiera al mejor postor. El concurso de licitación de la señal debía resolverse por méritos antes que por el valor de las ofertas económicas. He aquí la gran diferencia con una licitación tradicional. La jugada maestra de Héctor Magnetto (principal figura del Grupo Clarín) en esta ocasión fue la siguiente: logró que los pliegos valoraran más los antecedentes morales, personales y de medios de comunicación que los monetarios. En ese rubro iban a ganar.
Un “arrepentido” Carlos Menem diría tiempo después: “Cometí un error (¿¿uno sólo??). Derogar el artículo 45 de la ley de radiodifusión. No medí las consecuencias y se monopolizó la prensa. No esperaba que algunas empresas se conviertieran en propietarios de diarios, canales de televisión y radios”. Pero ya era demasiado tarde para lágrimas de cocodrilo.
Estar cerca es muy bueno, pero estar cerca del poder es mucho mejor.
La llegada de “Fútbol de primera” a la pantalla de Canal 13 no fue una estrategia planificada sino que se da por una jugada del destino, pero de esas que pocas veces en la vida se repiten. El que reveló la verdadera historia fue el periodista y ahora vocero de la AFA, Ernesto Cherquis Bialo. Según nuestro informante “Cuando se privatizó TELEFE, en 1990, me hice cargo de la gerencia de Deportes del canal. El objetivo de Telefe era tener el fútbol, así como hoy lo tiene Canal 13 por obra de la casualidad”.
Luego de varias idas y vueltas, finalmente Torneos y Competencias cerró el trato con TELEFE en septiembre de 1990 y se preveía televisar el torneo argentino al año siguiente. Pero hubo una contingencia inesperada que cambió el curso de esta historia. Cherquis Bialo nuevamente nos aporta detalles al respecto: “Gustavo Yankelevich tiene una idea para competir con los noticieros de la media noche. Se trata de un programa de deportes que no tenga un costo muy elevado, o sea que las imágenes no sean necesariamente actualizadas, con un conductor que entretenga y mientras veían los dramáticos productos de noticieros a la medianoche en los canales 9 y 13 y ATC, nosotros salgamos con un producto que se proponga como alternativa”. Efectivamente, había nacido Video Match el exitoso programa conducido por Marcelo Tinelli, nombre propuesto por el mismo Cherquis Bialo.
Pero a este producto, se le agregó otro que se emitía los domingos y también era encabezado por Tinelli: “Ritmo de la noche”. Un programa pensado para cubrir la grilla veraniega pero que rápidamente superó todas las expectativas. “Ritmo de la Noche -continúa Cherquis- empezó a marcar 30 puntos, 32 puntos, entonces se hizo imposible de levantar. Llega el Campeonato de fútbol y Gustavo Yankelevich dijo: «¡Que me vienen con campeonato de fútbol, yo sigo con Marcelo Tinelli todos los domingos por la noche!». De manera que ya teníamos el producto pero ahora no teníamos pantalla. Torneos entonces, se lleva el fútbol a Canal 9 pero Romay quiere naturalmente competir con Tinelli y pone a Pergolini de 9 a 10 de la noche, de tal manera que al fútbol lo descuartizan y va un segmento de 8 a 9, viene Pergolini para competir con Tinelli y el otro segmento del fútbol va de 10 a 11 de la noche. Entonces Torneos, ya sin pantalla, toca el timbre de Canal 13 y le aceptan el producto fútbol a costa de Tato Bores, siempre y cuando se asocie en la producción del fútbol. De esta manera Canal 13 entra en el negocio del fútbol”. A los cinco meses la sociedad de Torneos y el Grupo Clarín crea TSC (Televisión Satelital Codificada) emprendimiento en el que el 60% corresponderá a la empresa y el 40% a la AFA. Así empezó el fútbol para el Grupo Clarín… ¿Cómo terminará?
Compartimos un artículo publicado en el diario deportivo As, el Olé ibérico. La prosa barroca de Alfredo Relaño hace algo dificultosa su comprensión, pero la idea se entiende: ver fútbol en vivo de manera gratuita no es algo que a la industria le interese, ni acá, ni en ningún lado. Y parece que las discusiones son parecidas en muchos países. Bueno: El fútbol en abierto es un extravío.
Lo ha dicho el presidente de la Liga Profesional, José Luis Astiazarán (dame pan y llámame tonto) en Las Cortes: el fútbol en abierto es ruina para el fútbol. Lo ha dicho también Jaume Roures, factótum de Mediapro, en el Foro Nueva Economía: al fútbol en abierto le quedan cinco telediarios, las cinco jornadas que quedan por disputarse. La juerga de La Sexta, tanto más feliz cuanto que muchos de sus partidos ni los paga ni los va a pagar, tendrá su duro despertar al final esta Liga. Bendito sea el ’share’ que hasta ese día hayan conseguido. No lo repetirán. Una tele no se hace rentable así.
El fútbol en abierto es un extravío. Si en España, contra lo que ocurre en las otras grandes ligas, hay la exigencia por ley de un partido de Liga en abierto, es porque en un mal viaje el PP encontró apoyo en el PNV para chinchar a PRISA, el gran grupo de comunicación de centro izquierda. (Para no despistarnos, les diré que AS pertenece al universo PRISA). Fue en 1997, fruto de una coyunda entre Cascos y un radiofonista en retirada. Aquella ley era tan absurda que el Madrid-Barça de esta semana no la va a respetar: se verá en ‘pay per view’. Aquella ley caprichosa e inaplicable sólo ha servido para justificar absurdeces.
Tenemos un buen fútbol, nacido de un modelo de explotación televisiva que en su día fue racional, decente y equilibrado, pese incluso a aquella ley. Hace dos años eso se desbarató por incomprensiones, torpezas y egoísmos. Ahora está peor que nunca, que yo recuerde. Un hiperactivo insensato llamado Javier Tebas arbitra el conflicto, con la bendición de ese ‘panza al trote’ llamado Astiazarán. Nuestro fútbol no debería tener hoy otra preocupación que reconstruir una fórmula seria de explotación televisiva. Sin cascotazos, sin butanitos, sin peristas, sin jaimitadas. Sin que nadie se haga trampas en los solitarios.
Alfredo Relaño, diario As, Grupo Prisa, Grupo Clarín a la española.
La publicidad estática en los estadios es un gran negocio vinculado al fútbol y a otros deportes. Estos anuncios que son caros pero rinden mucho, mueven fortunas que quedan en pocas manos y aportan escasos ingresos a los clubes quienes, a fin de cuentas, generan el espectáculo. Se trata de espacios asegurados de 70 minutos sobre los 90 totales en los que los sponsors (de 25 a 30) desembolsan entre $ 60.000 y $ 200.000 por fecha pero teniendo en cuenta que el paquete incluye los diez partidos televisados.
Pero hagamos un poco de historia. Hacia 1991 Clarín y Torneos y Competencias fundan AdTime, una empresa encargada de conseguir los clientes y de realizar las publicidades estáticas en 18 de los 20 estadios de Primera División. Antes de AdTime, un señor en exclusividad se encargaba de este negocio. Era el empresario paraguayo Carlos Abdo (foto) que hacía rápidas gestiones con los directivos de los clubes. El mecanismo era el siguiente: averiguaba qué partido se iba a televisar (se televisaban 2 partidos por fecha) hablaba con el intendente del estadio y llegaban a un acuerdo.
Con la creación de AdTime, Abdo pierde su condición de privilegio y pasa a ser socio de la flamante empresa. Sin embargo, la crisis de 2001 no perdonó ni siquiera a los monopolios y, la relación con Clarín, terminó en divorcio pero sin resentimientos. Carlos Abdo expresó al respecto: “En 2001-2002, lo único que teníamos era canje a cambio de minutos en Radio Show, la emisora de Tinelli. Fue una etapa en la que nadie quería hacer publicidad. Resultó tremendo, porque además fuimos socios del Grupo Clarín en esto durante varios años. Pero se ve que la vieron venir y hacia 2004 me pidieron que fuera el único dueño. Me derivaron los contratos y se fueron del negocio tras pagar una multa”.
Hoy, Abdo continúa con la exclusividad del negocio a través de su empresa Publicidad Estática Internacional, la cual se encarga no sólo de los 20 estadios de primera, sino que ha ampliado su espectro a los torneos de verano, las divisionales de ascenso y los encuentros tanto amistosos como oficiales que dispute el Seleccionado Nacional. Abdo explica cómo lleva a cabo sus transacciones: “Nosotros tenemos un convenio con cada club. El club nos cede el derecho a conseguirles el auspiciante, se reserva para sí algunos carteles para sus sponsors de camiseta o de indumentaria, y nosotros asumimos el riesgo, compramos el resto y salimos al mercado a vender. Así, tenemos comprados los veinte equipos de Primera División, Nacional B y Primera B se los compramos a la sociedad que tiene los torneos con Clarín, que es TRISA -TeleRed Imagen SA-. La Selección Argentina se la compramos a Torneos y Competencias, y tenemos una sociedad con PuntoGol, porque compartimos los anunciantes que son de la Selección en todo lo que es cartelería”.
Un gran alumno de la Escuela Clarín.